El cuchitril

Un canal sin antena

Octubre 3, 2009 · Dejar un comentario

Notas tipo Así es la vida en Telenoticias. “Reportajes” con sicólogos y sondeos entre “famosos” sobre temas que perfectamente calzan en Buen Día… pero hechos en 7 Estrellas. Farándula o cobertura de sus mismos realities que le van a 7 Estellas, pero los hace Buen Día.

Desde el punto de vista de definición de temas, pauta y tratamiento periodístico, ese canal nunca había estado peor. Que Dios nos agarre confesados.

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Murió el poeta del desarraigo

Agosto 26, 2009 · Dejar un comentario

Un triste regreso a El cuchitril. Felipe Granados murió hoy. Aquí un pequeño texto de mi colega y amigo de ambos, Bértold Salas, y un artículo muy significativo de Felipe para la revista SoHo. Paz a sus restos.

Poeta de la música y del desarraigo, Felipe Granados falleció este miércoles 26 de agosto, en el Hospital Rafael A. Calderón Guardia. Contaba con apenas 33 años, y un sólido prestigio forjado en un breve libro, Soundtrack, artículos en el suplemento Áncora de La Nación y en la revista SoHo, poemas en revistas de otros países latinoamericanos y la participación en talleres literarios y recitales de poesía.

Granados era un cartaginés con orgullo y pesar, y en algún momento dedicó al tema un artículo en la SoHo. No fue la única oportunidad en que mostró una irreverencia ajena toda corrección política.

Enamorado de la música, cada uno de los poemas de Soundtrack tiene como punto de partida una canción: Lovesong for a Vampire, de Annie Lennox, Who Wants To Live Forever, de Queen, Pretty Hate Machine, de Nine Inch Nails, Karma Police, de Radiohead y hasta Ella, de José Alfredo Jiménez y Kind of Blue, de Miles Davis, suscitan poemas desencantados, violentos y tiernos.

Último día de
Felipe Granados

Quiero que sepan que me sentí tranquilo la noche en que maté a dios, dormí como un bebé.

Por Felipe Granados
Fotografía: Ronald Reyes © 2008

La voz temblorosa me pregunta qué clase de animal me gustaría haber sido, yo digo que un conejo de peluche al que se le cayó un ojo de botón de tanto afecto que le dio su dueño, a saber, un niño de 6 años, como Juan.

El silencio que sigue dice mucho. Del otro lado del teléfono alguien que me quiere bien, elige las palabras… no puede… no hay manera de decir esto de una forma bonita.

Voy a morir.

Mi último día debería empezar temprano, muy temprano, tratar de ser metódico, práctico, cosas que nunca fui en mi vida. OK, un intento. El último.

7:30 a.m. Escribir que no quiero ningún ritual que pase por las manos de ninguno de los dioses conocidos. Quiero que sepan que me sentí tranquilo la noche en que maté a dios, dormí como un bebé, sin miedo ni del infierno ni de ese otro gran abismo al que todos llaman cielo. Que para mí la literatura, o más bien, los libros y escribir, cumplieron con todo lo que a otros daba dios: consuelo, esperanza, castigo y una forma —no mejor ni peor— de tratar de explicarme qué mierda era la vida.

8:00 a.m. Arreglo que me quemen, tres partes iguales de mí llegarán cada una a un lugar diferente: el volcán Irazú, el lugar donde estuvo mi primera casa en el mundo y el Puerto. En esos tres lugares fui feliz.

8:20 a.m. Una taza de café y varios cigarrillos, me juré que a las once de hoy dejaría de fumar; yo cumplo, trataré de no pensar en otro tiempo, en otras tazas de café y cigarrillos, ya lo dijo De Cuenca: la nostalgia es un burdo pasatiempo.

8:30 am. Lloro, lloro, pero sigo haciendo cosas, mientras tomo una ducha, mientras me afeito, mientras entro por última vez en ese milagro del calzoncillo limpio, lloro y me miraré al espejo para ver qué se siente ver a la cara a un hombre muerto que llora.

9 a.m. Me limpio la cara, salgo de mi casa a desayunar con mis hijos, Juan y Lucy, los beso despacio y me voy.

10:00 a.m. Tomarse las pastillas, no olvidar las pastillas, aunque ya no sirvan para nada, continuar el ritual de las pastillas, sentir el gusto idiota de hacer algo sabiendo que no sirve para nada.

10:20 a.m. Llegar a San José. Caminar por el pasillo de las flores del Mercado Central y no pensar en otra cosa que las flores.

10:40 a.m. Sentarme a conversar con un extraño sobre nada, de lo que él quiera: fútbol, política, Latin American Idol, no caer en la tentación de juzgarlo, no sentirme mejor que el otro, no sentirme.

10:45 a.m. Buscar mi marisquería favorita y pedir un ceviche, una sopa y camarones.

11:30 a.m. Llamar a mi mama por teléfono, decir gracias.

11:45 a.m. Dejar de fumar, yo cumplo, tarde, pero cumplo. Volver a mi casa.

12 en punto. Buscar el noticiero de radio que justo a las doce pasa el “Avemaría” de Perry Como y recordarme cuando era niño y me ponía el uniforme de la escuela.

12:15 p.m. Terminar algo de lo que he estado escribiendo.

1:00 pm. Llorar otro poquito y ver La Mansión Forrester para amigos imaginarios y reírme de Blu, reírme mucho, si es posible con Juan y Lucía en mi cama.

2:00 p.m. Poner mis canciones favoritas.

2:30 p.m. Leer El principito, el último monólogo de Novecento y los capítulos finales de El dios de las pequeñas cosas.

6:00 p.m. Llamar a un amigo, decir gracias.

6:30 p.m. Preparar una cena decente para mí, y ponerme ropa bonita y tratarme como al mejor.

7:00 p.m. No hacer las paces con mis enemigos, no perdonar los crímenes contra mí, no sobornar al perro más grande de las culpas con ninguno de estos actos.

7:30 p.m. Cenar, comer un helado, recaer con un cigarrillo y no sentirme mal.

8:40 p.m. Llamar a ese numero que recuerdo tan bien y que no volví a marcar desde hace mucho, escuchar la voz en la contestadora y no decir lo que tengo que decir, después del tono.

9:00 p.m. Poner Nina Simone, mucho Nina Simone.

9:00 p.m. Pensar en aquel astronauta falso que vi una vez, pensar en lo que dijo: “Para ser alguien que nunca estuvo preparado para vivir en este mundo, creo que lo voy a extrañar”.

10:00 p.m. Quitar de la refri la foto donde estoy junto a mis hijos.

10:05 p.m. Llorar hasta dormirme.

11:00 p.m. Dormirme.

12 en punto. Soñar con conejos de peluche, tuertos, pero felices.

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¿Te lo he dicho últimamente?

Junio 10, 2009 · Dejar un comentario

Por aliviar los problemas y esa mañana llena de sol, al final del día deberíamos agradecerle al Único.

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El año del Herediano

Mayo 18, 2009 · Dejar un comentario

Sibianny Rodríguez, el técnico Antonio Moyano y Carlos Camacho. Detrás el Fortín. Estampa florense.

Sibianny Rodríguez, el técnico Antonio Moyano y Carlos Camacho. Detrás el Fortín. Estampa florense.

La vieja pared de Durpanel ya no existe. La derribamos cuando mis hermanos se casaron e hicieron casa aparte. Pero en esa pared que dividía el cuarto mío y de mi hermano del de mi hermana, siempre estuvo pegado un viejo afiche del Herediano.

En él sobresalían figuras legendarias como Carlos Camacho, German Chavarría, Claudio Miguel Jara y Sibianny Rodríguez. También jugaban en esa escuadra Rodolfo Jarret, Jorge Arturo Hidalgo, Luis Raquel Ledezma y el carioca Nilton Nóbrega, entre muchos otros.

Había sido un obsequio de Laura Garita, mi excompañera de la escuela cuyo papá, Víctor Garita, conduce todavía un programa deportivo en Radio Victoria.

Javito y yo veíamos con inspiración aquella santa cena del futbol y nos emocionaba estar cara a cara con nuestros héroes apenas abríamos los ojos cada mañana.

“Herediano: este es tu año”, rezaba la vieja litografía de 1987. Hoy, 22 años después, empiezo a pensar con la misma infantil ilusión de entonces que sí, Herediano este es nuestro año.

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Nic.cr shame on you!!!

Mayo 14, 2009 · Dejar un comentario

RIP.CR

RIP.CR


El cuchitril ha estado muy personal en estos últimos días. Pero hoy romperé el mood para hablar de algo muy distinto.

Resulta que el domingo pasado me llegó un correo de Nic.cr donde me advierte que el dominio que uso para mi empresa expirará al día siguiente, que proceda a cancelarlo para evitar su suspensión.

Tengo que reconocer que, en medio de la celebración de mi cumpleaños, las reuniones y asuntos urgentes del trabajo, olvidé por completo realizar el pago (que se supone es en línea).

Al día siguiente cumplieron la promesa. Me cortaron el dominio y con él el sitio y el servidor de correo. Para una empresa esto es terrible. Tenía clientes y amigos diciéndome que les estaban rebotando los correos que me enviaban.

Cancelé en el acto y me llegó una notificación de recibo (la primera). Llamé para corroborar cuándo quedaría habilitado el dominio de nuevo. Me dijo una atenta muchacha que el trámite tardaba 24 horas. Yo casi me caí de espaldas. Pero lo asumí con valor, dado que fue mi culpa no haber pagado antes de que venciera.

Al día siguiente la cosa seguía igual. Dato curioso, después de una furibunda llamada que hice, me llegó un segundo aviso: la renovación fue aprobada, pensé que la cosa ya estaba hecha. Pues no, llegó un tercer aviso, el de reconexión del dominio. Pero ojo con la clase de reconexión, así decía el correo: “Este quedará aplicado en los servidores de NIC – Internet Costa Rica en un plazo de 24 horas hábiles, contadas a partir de recibido este correo”.

Monté en ira. Decidí no llamar más, porque la pobre muchacha que tienen atendiendo no es un pararrayos y no es su culpa. Por fortuna no duró 24 horas, pero me pregunto: ¿qué hace Nic.cr para administrar sus clientes, cuando cualquier proveedor de dominios del mundo, te recuerda con un mes de anticipación el vencimiento? ¿No debería ser realmente en “línea” el pago? ¿Cómo es esa maraña virtual de renovación? ¿Cómo en el mundo mediatizado que vivimos que una “Academia de Ciencias y Artes” se da el lujo de obstaculizar la buena marcha de empresas –pequeñas y grandes—con esos plazos?

Fue muy penoso para mi que esto me pasara, pero Nic.cr lo hizo insufrible y maximizó la mala experiencia de mis clientes, empleados, proveedores y amigos con su ya conocido triste proceder?

Le tomé prestada la imagen a harolsblog.com. Me parece que ilustra a la perfección lo que se siente hacia esta organización.

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olvido deseado

Mayo 8, 2009 · Dejar un comentario

Si me pierdo en tu noche deliciosa nadie me buscará.
Todos olvidarán que alguna vez existí y solo quedaré como un rastro en esa risita de mala.

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Esperanza

Abril 28, 2009 · Dejar un comentario

Uno necesita creer que todo va a estar bien, que van a llegar esos momentos en que la felicidad es una parte natural de la vida.

Sentir que con la lluvia de la tarde todo vuelve a palpitar, comenzando por el propio corazón.

Uno, de día en día, necesita consumir la esperanza, como se consume el pan, la cerveza o la Internet.

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lluvia

Abril 1, 2009 · 1 comentario

Anoche salí a entrenar un rato. Al salir de mi casa todavía permanecía la lluvia en forma de diminutas partículas en el aire y el olor a tierra y hojas mojadas que se desprendía del parquecito me devolvió 15 años atrás.

¡Qué sensación renovadora trajo la lluvia! ¿Cómo algo así te cambia el ánimo? No lo sé, pero en mí operó una deliciosa variación de estado.

Bendita sea esta lluvia.

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karma

Marzo 18, 2009 · 2 comentarios

…algún día terminaremos pagándolo todo, qué cagada. De verdad que lo temo, cabro.

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Uno de esos días…

Febrero 28, 2009 · 3 comentarios

Por muchas razones, nos llegamos a sentir tristes, frustrados, cansados, infelices y, hay que decirlo, le perdemos la pista a la vida. Son momentos de desesperanza en los cuales nos cuesta encontrarle sentido a la existencia.

Pero también llegan otros de profunda satisfacción, en que uno siente que está bien ubicado, que tiene rumbo definido y camina en dirección al sol.

Este es uno de esos momentos para mí. Me siento pleno, contento y lleno de esperanza, al menos en el ámbito profesional y familiar. Espero que también eso llegue a trasladarse al plano personal, donde siento el suave letargo de la soledad (temo que me gusta mucho y me ha costado entrar en “frecuencia”).

Es eso. Solo eso quería compartir.

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