El cuchitril

Entradas de Octubre 2007

Cuando llega la Navidad

Octubre 30, 2007 · 10 comentarios

La semana pasada estuve revolcándome la jupa, a ver qué podía escribir. Tenía la impresión de que con el cambio de cuchitril había bajado el ritmo de “producción”. ¡Qué carajo!, me dije. Uno tiene el derecho (y el deber) de no hacer nada cuando siente que lo va a hacer por obligación y no existe un motivo o inspiración espontánea que le mueve esa fibra que conecta cerebro, corazón y manos.

Al menos eso aplica para las cosas que hacemos por gusto. Esas por las que nadie nos paga pero que, a menudo, hacemos con más aprecio y dedicación que aquellas que traen consigo una trasferencia bancaria, un cheque, un fardo de billetes o algún otro activo no tan circulante (pucha, se me salió lo “cuentacincos”, como nos decían en el Voca a los contadores).

No es que hoy la cosa haya cambiado mucho. Tengo cierta desidia de escribir sobre ciertos temas que pensé para un post. Pero algo más me movió a escribir. El lindo día que anuncia, con preocupante antelación climática, la cercanía del fin de año, de la Navidad.

El otro día me contaba mi amigo Diego Badilla acerca de las propuestas de campaña que le habían hecho a un importante cliente de su agencia. Dentro de ellas destacaba una que era sobre las cosas que nos confirman que llegó la Navidad (mucho ojo con copiar la idea, porque la propuso McCann, jeje). Que alguien le ponga “ringtone” navideño a su celular, las ostensibles luces en las casas, la puesta del pasito y la infaltable presencia del tamal en el menú, eran algunas de las que componían ese publicitario recuento.

Además de esas, me puse a pensar en otras cosas que me anuncian la llegada de Navidad. Cito las principales (de las muchas) e invito a cualquier otro apasionado de la época a agregar las suyas:

1. El clima, bueno todavía se vienen unos baldazos de Apocalipsis, pero con el cambio climático también parece que el sol veraniego y los vientos alisios llegaron un poco antes.

2. Que mi mamá me pregunte si ya sé en cuál emisora empezarán primero los programas de villancicos. De ella heredé el espíritu festivo y ver su rostro morenito y esos ojos verdes brillar por la llegada de la Navidad es quizás la muestra que más regocijo me causa.

3. Ver a los “recolectores de la fruta” esperando a que pase el camión, aunque ahora vivo en San José y no puedo ver esta escena típica de mi natal Heredia, me trae una nostalgia pensar en mis tiempos adolescentes de “cogedor de yodo”.

4. Escuchar por primera vez en alguna soda, pulpería, mercado o en la propia radio del carro los dos “clásicos tropicales” de la época: “Los dientes de pánfilo” y “Navidad sin tí”, de los Bukis. !Polísimo y buenísimo, a la vez!

5. Ver cómo empiezan a poblarse orillas de calle, lotes baldíos y otros lugares con ventas de luces, pesebres, adornos, colochos y varas raras.

6. Los anuncios de pueblo o mercado donde se ofrece: manteca de cerdo, tocino, hojas de tamal y molinos de maíz.

7. Escuchar a la gente hablar del aguinaldo y los “planes” que tiene para él.

8. La jacha de felicidad de los chamacos de escuelas y coles ante la llegada de fin de año y la inminente salida de clases.

9. Los ríos de gente en cuanta tienda y centro comercial hay.

10. De unos añitos para acá, el anuncio y espera del Festival de la Luz (al cual no siempre asisto).

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Papá

Octubre 16, 2007 · 2 comentarios

Hace un año y nueve meses La Nación me publicó este artículo.

Hoy, en medio de una situación que no ha hecho si no empeorar, me acordé de eso. Mi abuelo, a quien nos acostumbramos a llamar “Papá”, está muy mal. A su edad, soportar el cáncer le ha vuelto tormentoso el andar por esta vida (si se puede llamar así a estar postrado en una cama, con el dolor como única conciencia de estar vivo y dependiendo de otros para hacer absolutamente todo).

A Papá, católico conservador a ultranza, le ha dado por pelearse con el Corazón de Jesús que cuelga en su cuarto, le reclama por ingrato, porque lo tiene así. A ratos las tenazas inquisidoras de su enfermedad le devuelven algo de conciencia y entre la rayita negra y sufrida de sus ojos asoma un brillo acuoso, señal de que está mirando. ¿A quién mira, Papá? A mi madre (no a “Mamá”, que es mi abuela). Ella no se separa de su lado, le alimenta (algo cada vez más difícil), le da medicamentos, lo asea.

Casi inaudibles, salen de sus labios las palabras: “¿Quién es usted?”. “Soy Nelly, papá, su hija”. Con notable esfuerzo él la espeta: “¿Cuál hija? Yo no tengo hijos”.

Ahí recostada en el marco de la puerta, como si la abrumara el peso de su corazón oprimido, se queda mirándolo la mayor de los diez hijos vivos, de los diesciséis que engendró Rudencido Gómez, jornalero y albañil nacido en 1918 en Cartago.

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Me mudé

Octubre 9, 2007 · 1 comentario

Cansado de las costantes fallas en la plataforma de Fullblog, decidí mudarme a otro cuchitril.

Está bien que el nombre remite a una estancia de no muy buena reputación, pero la idea era darle un sentido metafórico, no real. Fullblog me estaba haciendo ver como una pocilga con sus continuas caídas, post borrados por la pegazón y limitación de crecimiento (un cuchitril que se precie tiene que aspirar a convertirse por lo menos en un aposento decente).

Aprovechando el cambio, también varie el diseño de El cuchitril (más limpio en apariencia, pero igual de desordenado en lo temático). El encabezado (dentro de un ratito) lucirá un diseño personalizado y un logo; mientras coloqué un fragmento de una pintura de Rolando Cubero, con el permiso de su hija.

A ver que nos depara esta nueva etapa. Mientras veo cómo puedo hospedar los post del otro cuchitril, dejo a su mano derecha el link.

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