Hace un año y nueve meses La Nación me publicó este artículo.
Hoy, en medio de una situación que no ha hecho si no empeorar, me acordé de eso. Mi abuelo, a quien nos acostumbramos a llamar “Papá”, está muy mal. A su edad, soportar el cáncer le ha vuelto tormentoso el andar por esta vida (si se puede llamar así a estar postrado en una cama, con el dolor como única conciencia de estar vivo y dependiendo de otros para hacer absolutamente todo).
A Papá, católico conservador a ultranza, le ha dado por pelearse con el Corazón de Jesús que cuelga en su cuarto, le reclama por ingrato, porque lo tiene así. A ratos las tenazas inquisidoras de su enfermedad le devuelven algo de conciencia y entre la rayita negra y sufrida de sus ojos asoma un brillo acuoso, señal de que está mirando. ¿A quién mira, Papá? A mi madre (no a “Mamá”, que es mi abuela). Ella no se separa de su lado, le alimenta (algo cada vez más difícil), le da medicamentos, lo asea.
Casi inaudibles, salen de sus labios las palabras: “¿Quién es usted?”. “Soy Nelly, papá, su hija”. Con notable esfuerzo él la espeta: “¿Cuál hija? Yo no tengo hijos”.
Ahí recostada en el marco de la puerta, como si la abrumara el peso de su corazón oprimido, se queda mirándolo la mayor de los diez hijos vivos, de los diesciséis que engendró Rudencido Gómez, jornalero y albañil nacido en 1918 en Cartago.
2 respuestas hasta el momento ↓
Gabita // Octubre 18, 2007 a 10:14 pm |
Nacho, tus palabras me llegaron al alma, no sabes cuanto me duele que una familia tan maravillosa como la tuya este pasando por una situación tan difícil; me imagino a la linda Mariachiquitiyi debe estar agotada pero reconfortada por estar junto a su padre en estos momentos tan difíciles. Cuando somos niños nuestros padres nos cuidan, nos protegen, nos alimentan y nos asean, que bendición tan grande debe ser poderles retribuir tanto amor de la misma manera.
Tu madre es una mujer invaluable por eso Dios la ha recompensado con la bendición de tener a Marita, a Javito, a esos nietos tan maravillosos y por supuesto tenerte a ti, aunque a veces la molestas mucho!!
Estoy segura de que tu “Papá”, pese al dolor y el sufrimiento, se irá feliz y en paz al lado de Dios. Aunque para quienes quedamos en la tierra es muy difícil dejarlos ir será un gran alivio para todos el que descanse y regrese a la casa del Padre, vas a ver que allá hará las pases con el Corazón de Jesús, Dios es misericordioso y no guarda rencores.
El próximo año se cumplirán 10 años desde que mi abuelito emprendió su viaje, todos los días lo extraño, a veces pienso que si el estuviera acá muchas cosas serían mejores porque él fue un hombre extraordinario y siempre tenía una solución para todo pero me consuela el pensar que está feliz, de seguro ha hecho muchos amigos y habrá formado algún coro o mariachi celestial porque adoraba cantar!
Tu familia y vos cuentan con todo mi apoyo y mis oraciones, espero que Dios les dé mucha fortaleza para afrontar lo que viene; te mando un fuerte abrazo, mis mejores deseos y todo mi cariño.
Ignacio // Octubre 18, 2007 a 10:31 pm |
Gabita qué puedo decir ante tan sentidas palabras. En los momentos difíciles solo el amor de la gente querida te ayuda a salir adelante.
Gracias de todo corazón.