El cuchitril

Entradas de Enero 2008

Reencontrar la fortuna en tus ojos

Enero 29, 2008 · 4 comentarios

No importaron los meses,
ni las citas postergadas.
No tuve de vos ninguna excusa,
ni estaba yo para inventarlas.
Obviamos decir lo que se espera
Que lindo está el clima,
Que cómo va tu trabajo
Hace tiempo quería verte
Estamos en iguales tratos.

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De vuelta

Enero 8, 2008 · 1 comentario

¡Cómo cuesta arrancar de nuevo! Creo que a todos nos pasa. Eso de ver con terror que se acerca el final de las preciadas vacaciones y hay que volver al trabajo.

Es tan rico tener días libres. Para levantarse tarde, desayunar con calma, leer bastante, ver dos o hasta tres películas seguidas, salir en las noches y no preocuparse por la hora de regreso, ir de paseo (aunque sea a la Sabana).

Por cierto, un día pasé por ahí. Qué cañazo de gente visita la Sabana. Sí, ya sé que en vacaciones la cantidad se incrementa, pero de verdad me sorprendió ver a grupos de amigos y familias completas con bicis, bolas, asando carnita, caminando, escuchando música. Desde que trabajo donde trabajo (de eso hace casi siete años) paso muchas veces por ese lugar y lo miro de reojo, como un reino secreto, vedado para mí. Al menos hasta el primer día de este 2008.

Volviendo con ese tema, no soy de hacerme muchos propósitos para comenzar un nuevo año. Creo que es bueno hacérselos siempre, cuando uno sienta que es el momento y, ante todo, tenga la fuerza de voluntad de llevarlos a la práctica.

Sin embargo, este año sí me hice algunos. No muchos, ni tan rimbombantes como suelen ser la mayoría. Los míos son pequeñitos y por lo mismo más sencillos de cumplir. Pero ojo, el tamaño o el grado de dificultad no tiene que ver con la importancia de los mismos.

Quizás el más importante de todos es recobrar el contacto con gente importante para mí con la cual por razones inexplicables (o lo que es peor por ninguna) he perdido contacto. Ya comencé y realmente fue gratificante pasar más de cinco horas, al calor de unos vinitos y las infaltables viandas, conversando con un gran amigo y una persona de la que siempre aprendo grandes cosas.

“Ya no me resiento como antes”, me dijo. “Estoy acostumbrado a que nos veamos cada tres años”. Ambos nos reímos, pero su comentario me confirmó que me urgía atender ese asunto.

Hacer dieta o llevar una alimentación equilibrada me parece algo demasiado difícil para un tipo disperso e indisciplinado como yo. Más que ambicioso, sería engañarme a mí mismo imponerme semejante propósito. Pero lo que sí hice, fue proponerme comer al menos una fruta por día. Y creánme, es genial. Le estoy llegando a las manzanas, las ciruelas y los bananos principalmente. Son ricas y su “logística” -a diferencia de la piña, la sandía o el melón- es bantante sencilla. Espero ir profundizando mi exploración frutal.

Y para cerrar este pequeño recuento de metas, está la de leer más. Ya soy bien fiebre, pero a veces permito que el cansancio, la tele o la desidia le quiten tiempo a una de las pasiones que más me ha marcado. Comencé en vacaciones y he seguido constante ahora que volví al trabajo y a clases.

Son apenas tres, son pequeñas cosas, pero son importantes. Hay que imponerse cosas buenas, constructivas y, sobre todo, hay que disfrutar al hacerlo. De lo contrario, es probable que los propósitos no lleguen ni a febrero.

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