Entradas de Febrero 2008
Después de dar la batalla por ocho años, hoy sale del aire el noticiario Eco News de Radio Eco.
Es un día triste para quienes creemos en más y mejores medios. No puede dejar de sentirse pena y preocupación por el punto final de un proyecto que uno vio nacer, con el cual comulgaba y donde pasaron colegas y amigos estimables.
El proyecto se planteó desde un principio como una opción alternativa a la monocorde cobertura de los noticiarios de radio y creo que se mantuvo por esa línea hasta su último día.
Era mi fuente de información a primera hora, antes de salir al trabajo. Su mezcla de política, economía, sociedad y cultura eran más afines a mis intereses, que no se limitan a sangre, farándula y deporte exclusivamente. Creo no soy el único.
Entonces, ¿qué pasó? ¿No se dio el apoyo comercial? Podría ser. No sería la primera vez en un medio que con frecuencia es visto por debajo del hombro.
Lo que sí está claro es que perdimos. Sus oyentes, sus trabajadores, quienes apoyamos la pluridad de medios como un factor esencial en la construcción de una sociedad mejor y más crítica.
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“No puedo creer que la banda más importante del heavy metal vaya a tocar ahí y nosotros la vayamos a ver”, dijo Coco, a mi lado pero no para mí. Permanecía absorto, con los ojos clavados en la tarima imponente que se levantaba en el marco norte del Ricardo Saprissa.
“La bestia se acerca”, respondí como si fuera conmigo, y quien se dio por interpelado fue otro amigo, Nelson. Se echó un risa y terció: “Ya casi se nos hace”.
Atrás quedaron las horas de espera formados en la fila, el sol lacerante, las frituras grasientas para entretener el hambre y la sed saciada con tibios enlatados de malta y lúpulo.
La hora había llegado. Tras el inocuo prolegómeno pop-rock de la hija de Steve Harris, por fin escucharíamos en Tibás a Iron Maiden en vivo y a todo color –vaya sí los colores, las texturas y los sonidos inundarían como una bomba expansiva todo el perímetro-.
Batería y guitarra sonaron al unísono, el inicio de Aces high anunciaba la fantasía, sonaba a ficción. No lo podía creer, ¡Eddie estaba ahí!
Sentí la presencia de aquel personaje cuyos posters forraban las paredes en los cuartos de mis primos mayores –hoy cuarentones- y cuyos vinilos yo escuchaba con furtiva atracción durante mi pubertad. ¡Cuántas veces dibujé su arrugado rostro en mis cuadernos del cole y ahora estaba escuchando en persona a los tipos detrás de la magia!
“Pueden comprar DVD, pero nada se compara a la realidad”, espetó eufórico Bruce Dickinson a un público con el que por primera vez se veía la cara. Y sus palabras resultaron proféticas. Lo vivido durante el resto de la noche no estuvo ni cerca de las expectativas presupuestadas por el más optimista de los fanáticos.
Flanqueado por sus “monstruos”, Dickinson se lució como el histrión que es. No hacía falta mucho cálculo para darse cuenta de que aquel hombre de 50 años y cuyo registro vocal erizaba la piel más curtida, también superaba en energía y elasticidad a cualquier otro “frontman” que yo hubiera visto en suelo tico.
No es de extrañar que, luego de tan memorable noche, aparezcan escritas en el algún muro o columna del estadio morado las palabras que mejor representan esta epifanía: “La bestia estuvo aquí”.
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Cuando tu ingratitud habla, mi esperanza escucha; aguarda testaruda lo que no sos capaz ni siquiera de imaginar.
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Quizás lo que más recuerde la gente de la cinta “December Boys” es que en ella aparece el astro de Harry Potter, Daniel Radcliff.
Catalogada como película “postal” de fácil digestión e inocuidad probada, a mí la verdad me deparó un rato de solaz delicioso y sencillo, como sentarse a la orilla de un árbol a comerse una naranja pelada con las uñas.
No soy huérfano, pero me remitió a mis veranos de infancia, cuando visitar a mis tías en San Isidro de Heredia, Aserrí o Poás eran lo más cercano a un paseo de vacaciones. También me trajo las reminiscencias de las sabrosas lecturas del “Marcos Ramírez” de Calufa (probablemente el libro que más veces he leído).
Qué pleno gozo el de los pequeños placeres. Esos ratos que, como diría Sábato, nunca identificamos como felicidad hasta cuando ya se han ido.
Anoche en la tevé, hablaban de un reciente estudio el cual concluye que la gente gasta más en compras cuando es infeliz (algo que hace mucho tiempo sabemos). Cuando veo los centros comerciales y las calles atestadas de gente frenética que carga bolsas y paquetes, me da por pensar que estamos volviéndonos un país, un mundo, muy triste.
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El término lo acuñó el austríaco Friedrich von Wieser en su Teoría de la Economía Social (1914) y se refiere a aquello de lo que nos privamos cuando hacemos una elección o tomamos una decisión.
Se me viene a la mente por estos días cuando miles de estudiantes se preparan para entrar a clases.
Asumen un costo de oportunidad al dejar la tibieza de las cobijas, el arrullo de la televisión o la adrenalina de las “mejengas” de fútbol 5 o basket. Dejar esos deleites para asistir a clases no es otra cosa que una decisión de índole económica.
Ignoro que hacía en sus ratos de ocio el distinguido von Wieser, pero él también enfrentó una decisión de esa naturaleza en su juventud. Después de diez años de trabajar para el gobierno, recibió una beca para la Universidad de Heidelberg, en Alemania, y decidió estudiar Economía, a la que le daría después sus más brillantes aportes.
A la hora de enfrentarse a un computador para realizar el proceso de matrícula, uno debería pensarlo como una apuesta, una inversión o un contrato de negocios.
Como toda “empresa” habrá costos que afrontar. Los fijos (el monto de matrícula, por ejemplo); los variables (los pases del bus, la comida, las salidas después de clases) y los de oportunidad, al dejar de percibir los réditos inmediatos de “tirársela rico” o trabajar en cualquier cosa.
¿Por qué asumimos todo eso? Por la sencilla razón de que esperamos obtener algo mejor. En buena teoría, uno deja de hacer algo porque espera obtener un rendimiento superior haciendo otra cosa.
Dinero, satisfacción personal, reconocimiento social, ventaja competitiva y hasta devolver el esfuerzo familiar son motivaciones válidas. Decida cuál es el “rendimiento” por el que está dispuesto a “sacrificar” tantas cosas y, sobre todo, trate de que el costo no se duplique.
Esta columna se publicó el 11 de febrero en el periódico Vuelta en U.
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Etiquetado: estudio, vida, vuelta en u
No solo me gusta la música e imagen de la banda británica de heavy metal Iron Maiden, sino que también me convencieron en el plano político.
Sin proponérselo, los liderados por Bruce Dickinson llegaron a la inoperante asamble legislativa y le pusieron un poco de sabor al monotema de la agenda de implementación. Se encargaron de “hacerle el brete” al viejo vago, oportunista y fanático de Guyón Massey.
Ahora resulta que payaso ese se dejó pedir en un comunicado de prensa que se tomen medidas ante el concierto de Maiden pues podría ser “podría ser un portillo para la entrada de grupos organizados de maras (pandillas) al país”.
Sin duda que en este soleado y “turísticamente amigable” país la realidad le gana con frecuencia la partida a la ficción.
Don Guyón debería estar tranquilo y preocuparse más por las “pintas” que se escudan en Dios para estafar a los pobres creyentes. Eso da más miedo que cualquier concierto de rock lleno de maras.
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Etiquetado: asamble legislativa, guyón massey, música, política, realidad, religión
¿Llegó a tener en sus manos alguna vez un “vinazo”? Sí, me refiero a esos cuadernillos que recogían “renglón a renglón” las respuestas a las preguntas que en cada página formulaba el dueño.
Además de ventilar detalles tan personales como quién le gustaba, quién le caía mal, quién fue su primer “aprete” o quién era el mejor profe; servían para enterarse de la vida de los otros.
Pero esos “vinazos” palidecen hoy ante esa omnipresente invención tecnológica que es el Hi5. Desde que me inscribí no dejan de llegarme invitaciones, comentarios, visitas y otro montón de cosas más.
Sus implicaciones en la vida privada sorprenden. Más allá de intercambiar datos y fotos, se ha convertido en una poderosa herramienta de investigación con fines diversos (algunos no del todo claros).
Si se conoce a alguien, hay que buscar su perfil en Hi5 al día siguiente; las parejas celosas pasan hurgando a quiénes agregan sus pares como “amigos”; hasta las empresas parecen haber agregado una fuente de consulta más al currículo.
No en vano ese poderoso “vinazo virtual” es el sitio más visitado por los ticos, según el ranking de Alexa.com.
*Esta columna aparece publicada en el periódico Vuelta en U del 5 de febrero.
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