You are currently browsing the monthly archive for Julio, 2008.

Esta semana he pasado más desconectado de la oficina –y del msn– porque estoy participando en un Foro Regional de Emprendedurismo e Incubación, organizado por Parque Tec, incubadora de empresas en tecnología a la cual le brinda servicios mi compañía

Escuchando y conociendo casos y personas interesantísimas de 15 países he pasado cuatro días exquisitos. Dándome cuenta de que no solo se comparte know-how emprendedor y contactos comerciales, sino también ratos de buena conversa, baile y hasta una cervecita una vez terminada la extensa jornada de trabajo.

En medio de tantas experiencias y de palabras como “apoyo al emprendedor”, “ecosistema productivo” e “innovación”, uno siente que otro mundo es posible. Aquel donde quien más tiene, no es necesariamente el único que puede crear una empresa y tener éxito.

He creído en esto como un ferviente religioso cree en su dogma. He tratado de mantenerme en una línea de trabajo orientada por ese pensamiento, rodeado de personas que compartan esa visión y mis clientes han confiado en mi propuesta.

Paradójicamente, esta semana –en otro contexto, en otro lugar– he comprobado una vez más la realidad que muchos quisiera perpetuar. Como dijo esta semana don Juan Manuel Villasuso en su columna de La República, la del “capitalismo del compadrazgo” –uno muy diferente del capitalismo emprendedor–. Que no soportan que alguien tenga éxito y genere credibilidad, que les gane.

Son gente que, a falta de la competitividad, recurren al matonismo, a la presión y al “si no es conmigo no es con nadie”.

Con esos sentimiento encontrados estoy casi terminando esta semana. Con mis convicciones firmes y con la lanza en ristre.

Apenas comienzo el libro de Andrés Oppenheimer, Cuentos chinos, y debo reconocer que su planteamiento me ha atrapado.

La idea de cuestionarse si los discursos de políticos y organismos internacionales que hablan de mejorías y desarrollo para los países de América Latina son verdad o, por el contrario, “puro cuento”, se las trae.

Apenas comienzo y ya tengo discrepancias con respecto a algunas de sus concepciones de desarrollo y bienestar. Entiendo que China es un “caso de éxito” del capitalismo -¿paradójico que sea un país comunista, no?- pero el modelo actual chino deja muchas dudas desde el punto de vista económico, social y ecológico.

Y a pesar de que apenas inicio el libro, es inevitable que encuentre parecido ese retrato que hace el connotado periodista del candor latinoamericano con nuestro país. Hemos querido alejarnos de ciertos patrones que distinguen a nuestros países -y en muchos aspectos lo ha logrado- pero me da la impresión, por estos días cada vez más, que somos una nación de medias tintas, de indecisión, de serrucho y que pierde de vista lo importante en el impulso del país, por estar pensando en temas baladíes.

Vamos a ver qué más depara el libro. Pinta vacilón.