Esta semana he pasado más desconectado de la oficina –y del msn– porque estoy participando en un Foro Regional de Emprendedurismo e Incubación, organizado por Parque Tec, incubadora de empresas en tecnología a la cual le brinda servicios mi compañía
Escuchando y conociendo casos y personas interesantísimas de 15 países he pasado cuatro días exquisitos. Dándome cuenta de que no solo se comparte know-how emprendedor y contactos comerciales, sino también ratos de buena conversa, baile y hasta una cervecita una vez terminada la extensa jornada de trabajo.
En medio de tantas experiencias y de palabras como “apoyo al emprendedor”, “ecosistema productivo” e “innovación”, uno siente que otro mundo es posible. Aquel donde quien más tiene, no es necesariamente el único que puede crear una empresa y tener éxito.
He creído en esto como un ferviente religioso cree en su dogma. He tratado de mantenerme en una línea de trabajo orientada por ese pensamiento, rodeado de personas que compartan esa visión y mis clientes han confiado en mi propuesta.
Paradójicamente, esta semana –en otro contexto, en otro lugar– he comprobado una vez más la realidad que muchos quisiera perpetuar. Como dijo esta semana don Juan Manuel Villasuso en su columna de La República, la del “capitalismo del compadrazgo” –uno muy diferente del capitalismo emprendedor–. Que no soportan que alguien tenga éxito y genere credibilidad, que les gane.
Son gente que, a falta de la competitividad, recurren al matonismo, a la presión y al “si no es conmigo no es con nadie”.
Con esos sentimiento encontrados estoy casi terminando esta semana. Con mis convicciones firmes y con la lanza en ristre.