El cuchitril

Entradas de Septiembre 2008

Multimillonario a los 24

Septiembre 26, 2008 · Dejar un comentario

24 años. ¿Qué le gustaría estar haciendo a esa edad? O si al igual que yo, usted ya los pasó, ¿qué había logrado para entonces?

Sin afán de desalentarlo, a esas alturas de la vida Mark Zuckerberg, fundador de la red social de Internet Facebook, ya forma parte del club de los más ricos del planeta según Forbes, al lado de auténticas leyendas de los negocios, como el fundador de Microsoft Bill Gates y el inversor Warren Buffett.

Zuckerberg, el más joven de la lista, ingresó al selecto club gracias a su nada despreciable fortuna en 1.500 millones de dólares.

Podríamos consolarnos pensando “se trata de esos tipos que heredan todo de la familia”. No es así. Según Forbes, aproximadamente dos tercios de la lista son millonarios “self-made”; solo el 19% son herederos.

A mí en lo personal, lejos de causarme envidia o tristeza, el dato me motiva. Es esperanzador pensar que todavía se puede uno convertir en millonario a punta de esfuerzo e iniciativa, sin necesidad de cuantiosos patrimonios regalados.

Con el apogeo de las comunicaciones y la información, cada vez hay más negocios donde prácticamente solo se requiere para entrar “materia gris” o formación profesional. Tengo la impresión de que muchas carreras, e incluso las universidades completas, nos impulsan a pensar que estamos preparándonos para trabajarle a alguien.

Como la universidad que ofrece “lo que las grandes empresas quieren”. Aclaro, no hay nada de malo en eso, no todas las personas nacen para ser sus jefes y ciertamente, emprender algo propio entraña riesgos, sacrificios e incomodidades. Pero quisiera ver más promoción de la iniciativa, mayor cultura de la empresarialidad.

Después de todo, somos un pequeño país de cuatro millones de personas, dependiente de los mercados internacionales, que bien podría aspirar a seguir el ejemplo de Israel o Irlanda.

Cuando la empresa requiere inyección de capital tampoco hay que caer en pánico. Ya en nuestro país existen programas de apoyo –sea a nivel de incubación, inversión o crédito— que pueden hacer clic con las buenas ideas.

He visto cómo empresarios muy jóvenes presentan y defienden sus ideas de negocio ante “inversionistas ángeles” ansiosos de encontrar alguna iniciativa prometedora para colocar sus recursos.

En el fondo se trata de una apuesta, de creer en algo y hacerlo realidad. Quizás el creador de Facebook no se imaginó en la lista de Forbes a los 24 años, pero estoy seguro de que cuando ideó su plan sí sabía que llegaría lejos.

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decirsindecir

Septiembre 16, 2008 · Dejar un comentario

Esta sanísima “modelo” se llama Sofía Rodríguez y así le respondió a mi colega, amigo y coterráneo Isaac Lobo de Al Día a la pregunta ¿alguna vez se lo han pedido a cambio de plata?: Pues sí, en el medio se da bastante.

Ojo, la chica responde que sí “se lo han pedido por plata”, pero en ningún momento aclara que ella “no lo ha prestado”. Por el contrario, casi como una justificación afirma que en el medio “se da bastante”.

Como escuché por ahí, por cada foto de estas (y agregaría yo que también respuesta de estas) hay un padre orgulloso en alguna parte del país.

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Antes de fiar, hay que desconfiar

Septiembre 12, 2008 · 3 comentarios

Hace más de ocho años un amigo con el que trabajé me fió para mi primer préstamo con un banco. Al momento de formalizar el crédito me dijo con una sonrisa que más parecía una advertencia: “me harás firmar, mas nunca pagar”.

Esa primera experiencia como sujeto de crédito finalizó hace ya tres años sin ningún contratiempo y la advertencia de mi amigo nunca tuvo que hacerse realidad. Al menos desde mi punto de vista, un deudor debe ver ese tipo de garantías como un requisito formal y no como lo mira el banco: “si el que debe no paga, el que fió lo hará”.

Lo cierto es que en la vida real, y con otra persona de esas que someten la amistad a la “prueba del cobro judicial”, de nada le hubiese valido la advertencia a mi amigo. Cuando uno participa de las deudas de otro o le presta dinero propio de manera informal, las malas experiencias son muy comunes.

Algunas personas se enojan cuando alguien se niega a darles un aval y otros lo hacen cuando quien se los dio les llama a cuentas por la falta de cumplimiento en el pago. Por eso, he seguido la política de no participar de estas transacciones, salvo en el caso de mis dos hermanos –cuyas situaciones personales y financieras conozco bastante—.

Quien decide hacerlo –por razones comerciales, de amistad o lazos familiares— no debe perder de vista que se trata de una operación financiera que tiene implicaciones legales para las cuales es mejor estar bien informado y preparado.

Fiador es sinónimo de codeudor, pues quien asume este compromiso acepta de forma subsidiaria el pago de la deuda, es decir, en caso de que el deudor no pague, el acreedor le puede cobrar el crédito.

No cometa el error de firmar porque sí. Antes pregúntele a la persona cuál es el objetivo del crédito, pídale información sobre su situación económica actual, las deudas que tiene y, sobre todo, la capacidad de pago para afrontar el crédito en el cual usted servirá como fiador.

Condicione su participación al acceso irrestricto y periódico de la información del préstamo y también analice con él los posibles escenarios en caso de que enfrente dificultades con su trabajo o fuente de ingresos actual.

Ninguna precaución está de más cuando se trata de no terminar con un dolor de panza por una piña que otro se comió.

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De vuelta

Septiembre 8, 2008 · 4 comentarios

Tras una larga pausa, caracterizada por el exceso de trabajo, regreso al pobre y descuidado cuchitril para postear algo.

Gaby me reprendió por tenerlo en el abandono. “Vas a cumplir un mes de no escribir nada”, me dijo. Ya pasé la línea de los 30 días y entonces decidí ponerle fin. A veces uno tiene tantas cosas de que escribir, que termina no escribiendo nada. En este tiempo hasta se me ocurrió una idea para un cuento y por no escribirla se me olvidó (no es mentira, me pueden ocurrir ese tiepo de cosas).

No tenía nada en particular dándome vueltas en la cabeza cuando decidí loguearme y escribirme, salvo la idea de ponerle fin a mi destierro del cuchitril. Quizás solo quisiera decir que estos días me han demostrado el valor de la gente que es leal y está conmigo en las buenas y las malas, que me conoce, me respeta, me quiere y de esa forma obtiene lo mismo de mí.

Por otro lado, también he conocido estos días el amargo sabor de la decepción. De darse cuenta cuán poco valen años de relación, amistad y trabajo para otras personas. Cuando uno da confianza y recibe recelo, apoyo y termina viendo una espalda, es el momento de replantearse las cosas.

Por el momento, replantearé la frecuencia con la que escribo aquí (pues de trabajo sí que me toca todos los días) y así no dejo transcurrir un mes entero sin visitar este virtual y desordenado rincón mío.

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