24 años. ¿Qué le gustaría estar haciendo a esa edad? O si al igual que yo, usted ya los pasó, ¿qué había logrado para entonces?
Sin afán de desalentarlo, a esas alturas de la vida Mark Zuckerberg, fundador de la red social de Internet Facebook, ya forma parte del club de los más ricos del planeta según Forbes, al lado de auténticas leyendas de los negocios, como el fundador de Microsoft Bill Gates y el inversor Warren Buffett.
Zuckerberg, el más joven de la lista, ingresó al selecto club gracias a su nada despreciable fortuna en 1.500 millones de dólares.
Podríamos consolarnos pensando “se trata de esos tipos que heredan todo de la familia”. No es así. Según Forbes, aproximadamente dos tercios de la lista son millonarios “self-made”; solo el 19% son herederos.
A mí en lo personal, lejos de causarme envidia o tristeza, el dato me motiva. Es esperanzador pensar que todavía se puede uno convertir en millonario a punta de esfuerzo e iniciativa, sin necesidad de cuantiosos patrimonios regalados.
Con el apogeo de las comunicaciones y la información, cada vez hay más negocios donde prácticamente solo se requiere para entrar “materia gris” o formación profesional. Tengo la impresión de que muchas carreras, e incluso las universidades completas, nos impulsan a pensar que estamos preparándonos para trabajarle a alguien.
Como la universidad que ofrece “lo que las grandes empresas quieren”. Aclaro, no hay nada de malo en eso, no todas las personas nacen para ser sus jefes y ciertamente, emprender algo propio entraña riesgos, sacrificios e incomodidades. Pero quisiera ver más promoción de la iniciativa, mayor cultura de la empresarialidad.
Después de todo, somos un pequeño país de cuatro millones de personas, dependiente de los mercados internacionales, que bien podría aspirar a seguir el ejemplo de Israel o Irlanda.
Cuando la empresa requiere inyección de capital tampoco hay que caer en pánico. Ya en nuestro país existen programas de apoyo –sea a nivel de incubación, inversión o crédito— que pueden hacer clic con las buenas ideas.
He visto cómo empresarios muy jóvenes presentan y defienden sus ideas de negocio ante “inversionistas ángeles” ansiosos de encontrar alguna iniciativa prometedora para colocar sus recursos.
En el fondo se trata de una apuesta, de creer en algo y hacerlo realidad. Quizás el creador de Facebook no se imaginó en la lista de Forbes a los 24 años, pero estoy seguro de que cuando ideó su plan sí sabía que llegaría lejos.

