Uno necesita creer que todo va a estar bien, que van a llegar esos momentos en que la felicidad es una parte natural de la vida.
Sentir que con la lluvia de la tarde todo vuelve a palpitar, comenzando por el propio corazón.
Uno, de día en día, necesita consumir la esperanza, como se consume el pan, la cerveza o la Internet.
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Anoche salí a entrenar un rato. Al salir de mi casa todavía permanecía la lluvia en forma de diminutas partículas en el aire y el olor a tierra y hojas mojadas que se desprendía del parquecito me devolvió 15 años atrás.
¡Qué sensación renovadora trajo la lluvia! ¿Cómo algo así te cambia el ánimo? No lo sé, pero en mí operó una deliciosa variación de estado.
Bendita sea esta lluvia.
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