Uno necesita creer que todo va a estar bien, que van a llegar esos momentos en que la felicidad es una parte natural de la vida.
Sentir que con la lluvia de la tarde todo vuelve a palpitar, comenzando por el propio corazón.
Uno, de día en día, necesita consumir la esperanza, como se consume el pan, la cerveza o la Internet.
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